Lo que ni en guerras recientes había ocurrido, sucede ahora, ante el fin a la exención de impuestos para los envíos de menor valor, conocida como la regla de los "minimis". En una decisión que ha repercutido en el entramado de la logística global, unos 25 servicios postales, incluyendo a Correos de México y operadores clave de Europa y la Commonwealth, han suspendido de manera abrupta y hasta nuevo aviso, sus envíos de paquetería a Estados Unidos.
Esta medida, más que un simple ajuste fiscal, ha desatado un caos sin precedentes que ha paralizado un flujo comercial multimillonario y ha obligado a las empresas a recalibrar sus estrategias de cadena de suministro.
La polémica regla “de minimis” permitía la entrada a Estados Unidos de paquetes con un valor declarado por debajo de 800 dólares sin tener que pagar aranceles o enfrentar la engorrosa burocracia aduanera. Era el motor silencioso del comercio electrónico transfronterizo, facilitando a las pequeñas y medianas empresas (pymes) y a los gigantes del ecommerce como Temu o Shein enviar productos de bajo costo directamente a los consumidores.
La nueva política, que entró en vigor el 29 de agosto de 2025, suspende esta exención para todos los envíos comerciales, sin importar su valor, y establece un arancel ad valorem (sobre el valor comercial o en aduana de un producto) o, en su defecto, una tarifa específica que puede oscilar entre 80 y 200 dólares por artículo.
El manido argumento trumpista
El argumento oficial de la Casa Blanca, según su comunicado de prensa, es claro y contundente: la suspensión es una medida de seguridad nacional diseñada para combatir la proliferación de bienes ilícitos y para proteger a los fabricantes nacionales de una competencia que consideran desleal. La administración también argumenta que la medida busca frenar la pérdida de ingresos aduaneros que se estiman en millones de dólares anualmente. Sin embargo, para los operadores postales y las empresas de logística, la decisión ha sido un golpe repentino.
Los anuncios de suspensión no se hicieron esperar. El pasado miércoles 27, la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Servicio Postal Mexicano (Sepomex) emitieron un comunicado en el que dieron a conocer que: “Correos de México suspenderá de manera temporal los envíos postales y de paquetería a Estados Unidos a partir del 27 de agosto de 2025, en tanto se definen los nuevos procesos operativos”.
Correos de España, por ejemplo, informó que la medida se mantendría: “El tiempo estrictamente imprescindible”, mientras trabajaban para establecer un nuevo sistema que permitiese gestionar la nueva normativa arancelaria. En la misma línea, un comunicado de la australiana Australia Post, recogido por el diario The Times of India, expresó su decepción por la medida, señalando que: “Ha sido necesaria una suspensión parcial temporal para poder desarrollar e implementar una solución viable para nuestros clientes”.
Estos anuncios revelan un problema sistémico: los sistemas postales públicos no estaban preparados para procesar la nueva carga fiscal y administrativa que implica la declaración y el pago de aranceles por cada paquete. La infraestructura digital y los recursos humanos simplemente no dan abasto para la gestión de volúmenes masivos.
A la lista de países que han detenido sus servicios se suman Francia, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Italia, Noruega, Finlandia, Estonia, México, Taiwán, Japón, Corea, Tailandia y, notablemente, los servicios postales de la Commonwealth como Royal Mail del Reino Unido, Australia Post y New Zealand Post. Este último punto es crucial, pues a pesar de las particularidades de sus lazos históricos y comerciales con Estados Unidos, no gozan de un trato preferencial. Su reacción ha sido la misma que la del resto del mundo: una paralización inevitable ante la falta de una solución inmediata.
Medidas de emergencia
El impacto para el sector de la logística empresarial es profundo. Las empresas que dependían de los servicios postales para el envío de muestras, repuestos de bajo costo o inventario de reposición rápida se han visto forzadas a buscar alternativas. Este cambio privilegia a las grandes empresas de paquetería privada como DHL, FedEx o UPS, cuyos sistemas aduaneros y tecnológicos están diseñados para manejar este tipo de transacciones y tarifas.
La firma de consultoría Deloitte, en un diagnóstico sobre los efectos de la incertidumbre comercial, destaca que las empresas de logística y sus clientes deberán adoptar una estrategia multidisciplinaria que involucre a los equipos de cadena de suministro, a los departamentos de finanzas, legales y de riesgo. No es sólo un problema logístico; es un problema de negocio que requiere una respuesta integral.
El caso de An Post, el servicio postal de Irlanda, que optó por no suspender sus envíos, destaca la complejidad de la situación. Confirmó que mantendrá los envíos hacia EU para evitar “retrasos e inconvenientes” para las empresas irlandesas que venden a la Unión Americana. a través del servicio postal, aun cuando esto implique que los destinatarios deban pagar los aranceles correspondientes al recibir sus paquetes.
La situación actual es, en esencia, un punto de inflexión. Si bien la interrupción es temporal, lo que viene después podría cambiar para siempre el flujo de los paquetes transfronterizos. Es un llamado de atención para las empresas que, hasta ahora, daban por sentado los costos y las facilidades de la logística internacional. La era del envío de bajo costo podría haber llegado a su fin, y con ella, un modelo de negocio que dominó el comercio global durante la última década.