Los jitomates mexicanos alguna vez estuvieron en el candelero del comercio global. Fue en 1996, cuando se convirtieron en un símbolo de la tensión comercial entre México y Estados Unidos. Los productores estadounidenses acusaron a los exportadores mexicanos de vender por debajo del valor normal, una práctica conocida como dumping, que amenaza la supervivencia de las industrias locales. El conflicto derivó en un acuerdo de suspensión que evitó cuotas compensatorias y salvó a la industria mexicana de pérdidas millonarias.
Este episodio marcó un precedente: combatir el comercio desleal requiere precisión, no medidas indiscriminadas. Casi tres décadas después, el tema sigue siendo relevante,como se ha visto desde 2025, cuando el gobierno estadounidense influyó en la arena comercial global a partir de la imposición de aranceles.
Un escopetazo que golpea a todos
Aplicar aranceles generales para reprender malas prácticas comerciales son un recurso fácil, pero costoso. “Subir los aranceles es un escopetazo que afecta a muchos países, sectores y productos. Buscas proteger algunas industrias y terminas golpeando a empresas que requieren insumos de Corea del Sur, encareciendo costos y mermando competitividad”, advirtió Kenneth Smith, Exjefe negociador de México para el T-MEC.
La presión de Estados Unidos para que México “cierre” a China continuará, pero también hay que decirlo: el decoupling completo suena atractivo políticamente, pero económicamente es inviable. La conversación debe ser realista y orientarse hacia una estrategia norteamericana común que combine defensa comercial con desarrollo competitivo.
Precisión y cooperación, no proteccionismo
Los aranceles son solo una pieza del rompecabezas. De hecho, los mecanismos más eficientes y de tiro de precisión son los remedios comerciales: medidas antidumping y antisubsidios dirigidas a países, productos e incluso empresas específicas.
Estas herramientas permiten sancionar prácticas desleales sin desarticular cadenas de suministro ni poner en riesgo la integración regional. Además, la estrategia debe incluir investigaciones coordinadas entre México, Estados Unidos y Canadá, cooperación aduanera reforzada para frenar triangulaciones y convergencia regulatoria que restrinja productos provenientes de países con violaciones laborales o ambientales.
¿Qué hay más allá de los aranceles?
Combatir el comercio desleal no significa cerrar fronteras. Hay recursos más sofisticados que permiten actuar con precisión:
Medidas antidumping y antisubsidios. Son investigaciones técnicas que determinan si un producto se vende por debajo de su valor normal o si recibe subsidios ilegales. Cuando se comprueba el daño, se imponen cuotas compensatorias específicas, ajustando el precio al nivel justo de mercado.
Salvaguardias temporales. Se aplican cuando hay un aumento súbito de importaciones que amenaza la industria nacional. Son medidas transitorias, diseñadas para dar tiempo a los productores locales a adaptarse.
Regulación convergente. Norteamérica puede restringir productos provenientes de países que incumplen estándares laborales, ambientales o de derechos humanos, siguiendo esquemas que ya operan en Estados Unidos.
Cooperación aduanera y trazabilidad. Evitar triangulaciones y contrabando técnico es clave para que las medidas sean efectivas. Esto implica sistemas digitales, intercambio de información y auditorías conjuntas.
Política industrial regional. Kenneth Smith lo explicó con claridad: “México necesita convencer a Estados Unidos de que nuestro futuro económico está entrelazado y que, con mayor integración, seremos más fuertes para competir con China”. Esto significa desarrollar capacidades en electromovilidad, energías renovables y tecnologías de información, blindando la competitividad con reglas claras y certidumbre.
Certidumbre: el verdadero objetivo
Antonio Ortiz- Mena fue negociador del acuerdo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) un acuerdo comercial trilateral entre Canadá, México y Estados Unidos que entró en vigor en 1994, cuyo objetivo era crear una zona de libre comercio eliminando aranceles y barreras a la inversión y al comercio de bienes y servicios. Fue reemplazado por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) el 1 de julio de 2020.
Ortiz- Mena, actual presidente y director general de AOM Advisors, recordó que el objetivo de los tratados comerciales nunca fue eliminar aranceles, sino reducir la incertidumbre. “Las empresas prefieren pagar un arancel bajo pero cierto, que jugarse por uno más bajo con incertidumbre”, afirmó. Este punto es crucial: para un empresario, la previsibilidad vale más que la tasa más baja. Si sabe que el arancel será fijo, puede planear inversiones, calcular costos y mantener contratos sin sobresaltos. Si, en cambio, enfrenta un escenario donde hoy es 5%, mañana 10% y pasado 15%, la incertidumbre se convierte en un freno para la expansión.
Además, hay un factor que no se puede ignorar: la recaudación estadounidense. Y es que ese país ha usado los aranceles como fuente de ingresos para compensar reducciones fiscales. Durante el gobierno del presidente Joe Biden, se extendió la reducción del impuesto sobre la renta, y los aranceles se convirtieron en un mecanismo para equilibrar las cuentas públicas. Esto significa que, más allá del discurso político, hay un incentivo económico para mantenerlos. En palabras simples: los aranceles no son solo una herramienta comercial, también son un instrumento fiscal.
Cooperación y visión de largo plazo
Combatir el comercio desleal exige inteligencia estratégica. No se trata de cerrar fronteras, sino de usar herramientas que permitan sancionar prácticas injustas sin desarticular cadenas de suministro. Desde el caso del tomate en los 90, hasta las investigaciones actuales sobre acero y energía, México ha demostrado que la defensa comercial es más efectiva cuando se basa en evidencia y se articula con sus socios. El reto es mantener la calma, evitar el proteccionismo y apostar por una estrategia común que combine remedios comerciales, cooperación regulatoria y desarrollo competitivo.













