A pocos días del inicio de la primera fase de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el sector empresarial comenzó a delinear sus prioridades para el proceso que se desarrollará a lo largo de este 2026.
La exploración, que inicialmente se centrará en reglas de origen y seguridad de suministro, abre una etapa de transformación para la integración productiva de América del Norte y para la configuración de las cadenas de suministro regionales.
En este contexto, el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE) organizó el foro “A 100 días de la revisión del T-MEC”, donde representantes empresariales, autoridades y diplomáticos analizaron los retos que enfrentará el acuerdo comercial en su próxima actualización.
Durante la inauguración, Sergio E. Contreras Pérez, presidente ejecutivo del organismo, recordó que Norteamérica se ha consolidado como la región productiva más integrada del mundo, operando prácticamente como una sola plataforma manufacturera. El comercio bilateral entre México y Estados Unidos se acerca a un billón de dólares anuales, mientras que el intercambio total dentro del T-MEC —incluyendo servicios— ronda 1.8 billones de dólares.
Reglas de origen y relocalización productiva
Luis Rosendo Gutiérrez, subsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, explicó que el inicio formal de las discusiones está previsto para el próximo lunes 16 de marzo, y adelantó que entre los temas prioritarios estarán el fortalecimiento de las reglas de origen y la sustitución de insumos provenientes de Asia por producción en América del Norte.
El funcionario señaló que México y Estados Unidos importan más de 400,000 millones de dólares desde Asia, lo que abre un amplio margen para traer parte de esa producción a la región.
Para la industria, este proceso se conecta directamente con la tendencia de nearshoring, que en los últimos años ha impulsado la relocalización de operaciones manufactureras hacia México y otros países de la región.

El objetivo empresarial: preservar el comercio sin aranceles
El exnegociador del T-MEC y presidente del Comité Empresarial Bilateral México–Estados Unidos del COMCE, Kenneth Smith, subrayó que uno de los principales objetivos del sector privado será mantener el comercio libre de aranceles dentro de América del Norte, siempre que se cumplan las reglas de origen.
Actualmente, los bienes producidos dentro de la región gozan de arancel cero, mientras que productos provenientes de otras economías pueden enfrentar gravámenes de 10%, 25% o incluso 50% en sectores como acero, aluminio o minerales estratégicos.
Esta diferencia arancelaria refuerza el incentivo para incrementar el contenido regional en industrias estratégicas, entre ellas:
- Automotriz
- Semiconductores
- Manufactura avanzada
Nuevas prioridades estratégicas para la región
Durante el foro también se subrayó el nivel de integración económica entre los países del tratado; de acuerdo con datos presentados por representantes empresariales, 13 millones de empleos en Estados Unidos dependen del comercio con México y Canadá, mientras que aproximadamente 40% del valor de las exportaciones mexicanas incorpora contenido estadounidense.
Este nivel de interdependencia explica por qué la revisión del acuerdo no solo tiene implicaciones comerciales, sino también logísticas, industriales y tecnológicas para toda la región.
Pero, más allá de los temas comerciales tradicionales, el debate sobre la revisión del T-MEC también incluye sectores emergentes vinculados con la seguridad económica regional.

Entre ellos destacan:
- Minerales críticos
- Semiconductores
- Inteligencia Artificial
- Ciberseguridad
- Modernización aduanera
Algunos especialistas incluso han planteado la posibilidad de incorporar un capítulo o anexo específico sobre la cadena de suministro de minerales críticos en América del Norte, un sector clave para la transición energética y la electrificación de la economía.
El camino hacia una región más resiliente
La fase de revisión que inicia este 16 de marzo no debe entenderse como un trámite administrativo más, sino como una ventana crítica para blindar la competitividad de América del Norte. El éxito de este proceso dependerá, en última instancia, de la sinergia entre los gobiernos y el sector privado, cuyas agendas deberán converger para transformar los desafíos logísticos actuales en ventajas competitivas sostenibles a largo plazo.
El desplazamiento estratégico de las importaciones asiáticas hacia una producción regional más robusta será el termómetro definitivo de este proceso. Al integrar sectores de alta complejidad como los semiconductores, la inteligencia artificial y el mercado de minerales críticos, el T-MEC no solo busca reducir la dependencia externa, sino también liderar la vanguardia tecnológica global, garantizando que el acuerdo evolucione al ritmo que exigen los mercados modernos.
Como podemos notar, el fortalecimiento de este bloque comercial es el pilar sobre el cual se edificará la estabilidad económica de la región en los años venideros; al consolidar una plataforma manufacturera resiliente, moderna e interdependiente, México, Estados Unidos y Canadá envían un mensaje contundente al mundo: la prosperidad compartida ya no solo depende del libre comercio, sino de la capacidad estratégica de blindar sus cadenas de suministro ante un entorno global en constante transformación.












