El héroe de esta historia es un podómetro (un contador de pasos). Su travesía, de 857 horas, comienza en el estante de una tienda en Estocolmo y retrocede a través de camiones, trenes, puertos y océanos hasta la fábrica donde fue manufacturado en el distrito de Bao’an, Shenzhen, China. Bienvenido al universo de Logistics, la película sueca de 857 horas –35 días y 17 minutos de metraje–, dirigida por los artistas Erika Magnusson y Daniel Andersson y estrenada en 2012.
Esta obra monumental no busca narrar una historia en el sentido tradicional, sino capturar la propia esencia de la cadena de suministro global: su ritmo, su escala y su inquietante silencio. Como declararon sus creadores a la BBC, su objetivo era sencillo y profundo: mostrar “de la manera más directa posible” la “lentitud” que sustenta el ritmo frenético de nuestro mundo y nuestra economía.
Más allá de su duración extrema, el valor de Logistics para cualquier profesional del sector reside en las potentes ideas que comunica sobre la naturaleza de la logística contemporánea. En primer lugar, la película es una confrontación directa con la abstracción del tiempo y el costo. En un artículo analítico para Read the Maple, un espectador que completó el maratón de 857 horas describió la experiencia como “agobiante”, notando cómo "el peso del tiempo que tomó sólo enviar un podómetro desde una fábrica a una tienda era aplastante”.
La lentitud de llegar a tiempo
Los directores buscaban precisamente mostrar “de la manera más directa posible" la lentitud del flete físico que sustenta nuestra realidad digital aparentemente instantánea. Mientras las empresas optimizan modelos just-in-time y calculan costos logísticos en hojas de cálculo, la película fuerza una reflexión sobre la dimensión humana y material de ese esfuerzo.
En segundo término, Logistics expone de manera cruda la invisibilidad del trabajo humano en la cadena. El relato es mayoritariamente silencioso y las personas escasean en el encuadre. Esta elección artística no es un descuido, sino una declaración: subraya cómo las complejas redes que mueven el mundo se operan por individuos que permanecen fuera de foco, dirigidos por fuerzas de mercado e imperativos de productividad que los trascienden. La película cuestiona así nuestra relación con los objetos, recordándonos que cada producto en un estante es el punto final de un viaje colectivo monumental.
Finalmente, el proyecto actúa como un comentario sobre la globalización y el consumo. Nacido de una simple pregunta: “¿De dónde vienen los dispositivos electrónicos?", el viaje desnuda la interdependencia global: un producto diseñado posiblemente en Occidente, fabricado en Asia, con componentes de múltiples orígenes, y consumido en Europa.
Para el empresario o ejecutivo logístico, Logistics es, por tanto, mucho más que una rareza cinematográfica. Es un experimento que ofrece una lección inusual: a veces, para entender la complejidad y fragilidad de un sistema, es necesario no acelerar su simulación, sino experimentar su duración real, por más extensa y reveladora que esta sea. La próxima vez que un contenedor sea sólo un número en un seguimiento, la sombra de este viaje fílmico de 857 horas puede recordarnos la historia monumental que ese número encapsula.














