En América Latina a veces se copian soluciones tecnológicas que nacen en Silicon Valley o en parques industriales de Estados Unidos con la esperanza de que, al implementarlas, los problemas se resolverán por arte de magia...
Error: la innovación verdadera no es software bonito o un algoritmo sofisticado: es la capacidad de identificar una fricción real del día a día y diseñar una solución que funcione en el contexto local, para el usuario operativo. Y en logística eso queda claro.
Tomemos a México como ejemplo: el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce) prevé un crecimiento de 6.5% en las exportaciones durante este año. En 2024, las exportaciones mexicanas sumaron másde 617,670 millones de dólares (mdd); mientras que de enero a noviembre de 2025 alcanzaron 604,186 mdd, con un promedio mensual de 54,926 millones de dólares.
¿Por qué importa esto? Porque en México el autotransporte es la columna vertebral de la cadena logística: 85% del movimiento de mercancías sucede en autotransporte, moviendo cientos de millones de toneladas al año y aportando una porción significativa al PIB.
Esa relevancia está acompañada de retos particulares -desde la fragmentación de la oferta hasta la informalidad, pasando por la precariedad tecnológica de los procesos logísticos- que no corresponden con lo mismo que funciona en Estados Unidos.
Así, si hablamos de “innovación”, debemos hacerlo con dos condiciones: primero, que atienda la realidad estructural de Latinoamérica; y segundo, que se diseñe con quienes viven esa realidad: el usuario operativo. En logística esto significa crear herramientas que aumenten la ocupación de los camiones, reduzcan tiempos muertos, mejoren la trazabilidad y ofrezcan condiciones de ingreso y pago transparentes para los transportistas.
No es un capricho tecnológico: es productividad traducida en menos entregas tardías, menos problemas y menos trabajo repetitivo para el usuario operativo.
Innovación integral
Los organismos especializados insisten en lo mismo: la digitalización debe ser parte de una agenda más amplia que incluya inversión en infraestructura, interoperabilidad y gestión del cambio.
El Banco Interamericano de Desarrollo ha puesto énfasis en la necesidad de cerrar brechas e integrar digitalmente a la región para aprovechar el nearshoring y las oportunidades comerciales. El Foro Internacional de Transporte (FIT) subraya que la resiliencia del transporte pasa por sistemas digitales que se articulen con la infraestructura física, los famosos sistemas “online to offline”.

¿Significa esto que la tecnología no importa? Al contrario: importa muchísimo, pero como medio, no como fin. Plataformas que agregan carga (loadboards), sistemas de visibilidad extremo a extremo o herramientas de analítica predictiva son útiles cuando resuelven problemas como la visibilidad en tiempo real, la capacidad de transporte y la necesidad de pagos más rápidos y seguros.
Para que esas herramientas rindan, deben integrarse con capacitación, acceso a financiamiento y medidas públicas que reduzcan los cuellos de botella logísticos. El Banco Mundial y otros organismos han señalado que la transformación digital del transporte requiere estas piezas complementarias para ser inclusiva y efectiva.
He aprendido que adaptar un modelo de otro país a México exige más que traducir la app: exige entender la parte cultural, los patrones y retos locales. La innovación regional consiste en ajustar tecnología, procesos y alianzas para que la solución funcione en la práctica, no solo a nivel tecnológico.
Si queremos que América Latina deje de ser un mercado que “intenta” digitalizarse y pase a ser un laboratorio de soluciones relevantes, la conversación debe cambiar: menos fetichismo por la novedad tecnológica y más foco en diseñar arreglos institucionales y operativos que atiendan las fallas locales, desde la operación. Solo así transformaremos la inversión en impacto real: menos camiones vacíos, más disponibilidad, entregas puntuales y, sobre todo, empresas y personas que generan más porque la logística se hace más eficiente.










