En lo que va de 2026, el Valle de México ha enfrentado tres contingencias ambientales, activando restricciones a la circulación vehicular; sin embargo, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) ha señalado que, en primavera, con el aumento de las temperaturas, se esperan nuevos episodios que para el sector logístico implican alteraciones en las entregas de última milla en la Ciudad de México (CDMX) y zona metropolitana, pero ¿cuál es su impacto? y ¿qué medidas puede tomar el sector para prepararse ante esos eventos?
Comencemos por explicar que la contingencia ambiental es una situación de alerta declarada por las autoridades cuando las concentraciones de contaminantes en la atmósfera alcanzan niveles que ponen en riesgo la salud de la población y el equilibrio del ecosistema.
En la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), estas declaratorias son gestionadas por la CAMe, que activa protocolos de restricción para reducir la emisión de gases y partículas de manera inmediata. Existen principalmente dos tipos de contingencias, diferenciadas por el agente contaminante que las provoca:

Contingencia por ozono: Se produce principalmente entre febrero y junio (temporada seca-caliente). Dicho componente no se emite directamente, sino que se forma por la reacción química entre óxidos de nitrógeno y compuestos volátiles bajo una intensa radiación solar.
Contingencia por partículas: Es más frecuente en invierno y se debe a la acumulación de polvo, cenizas y hollín. Estas partículas son capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio y son generadas mayormente por la quema de combustibles y la actividad industrial.
¿Cómo han sido las contingencias activadas en lo que va de 2026?
En lo que va del año, la CAMe ha activado en tres ocasiones la contingencia ambiental:
- 1 de enero: Esta fue por “particulas”, se activó una Fase 1 de Contingencia Ambiental Regional únicamente en la zona sureste del Valle de México (que abarca alcaldías como Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco y municipios conurbados como Chalco y Valle de Chalco).
- 9 de febrero: Fue por ozono y se aplicó de manera general en todo el Valle de México.
- 12 al 17 de febrero: También fue por ozono y ha sido la más larga de la temporada.
Dado que la primera fue regional, su afectación para la última milla tuvo consecuencias sobre todo para los CEDIS del oriente de la CDMX, pero las siguientes dos, además de que afectaron a toda la ZMVM, impactaron en la capacidad de flota disponible y orillaron a las empresas a reprogramar rutas y extender los tiempos de entrega.
¿Cómo se prospectan las próximas contingencias ambientales en 2026?
Recordemos que, en el corto plazo, el mayor riesgo está relacionado con las contingencias ambientales derivadas del ozono, debido a que tienen un vínculo directo con la temporada de calor.
El pasado 30 de enero, la CAMe realizó el seminario “Perspectivas científicas de la temporada de ozono 2026 en la ZMVM”, en el que participaron expertos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM.
Los especialistas subrayaron que todavía no existe una estimación oficial del número total de contingencias que podrían presentarse este año, esa cifra se dará a conocer en la conferencia específica de temporada; sin embargo, la lectura técnica apunta a un escenario intermedio.

Para los expertos, 2026 no se perfila tan crítico como 2024 —cuando se registraron 11 contingencias—, pero tampoco tan benigno como 2025, que mostró un comportamiento más favorable por condiciones meteorológicas más húmedas. La expectativa es de un año con episodios recurrentes, aunque no necesariamente extremos.
Desde el punto de vista climático, 2026 transcurre bajo condiciones neutras tras la transición de La Niña, lo que implica temperaturas mayores que el promedio histórico (1993-2016), aunque inferiores a los picos observados en 2024.
Esta diferencia es relevante porque el aumento de temperatura actúa como catalizador de la formación de ozono: a mayor calor, mayor reactividad atmosférica y mayor probabilidad de superar umbrales normativos, especialmente en marzo, abril y mayo.

Con relación a precipitación, se anticipa un comportamiento cercano al promedio, con lluvias menores a las registradas en 2025 pero superiores a las de 2024. Esto sugiere que no se espera un escenario de sequía extrema, aunque tampoco un periodo particularmente lluvioso que ayude a dispersar contaminantes.
Aunque los datos nos dan una idea de lo que nos espera en los próximos meses, los modelos de pronóstico presentados en el seminario adoptan un enfoque probabilístico más que determinista; no se trata de anticipar un número fijo de contingencias, sino de estimar la probabilidad de rebasar umbrales en función de temperatura, radiación, viento y dinámica regional.
Bajo este marco, 2026 se perfila como un año donde la contingencia ambiental seguirá siendo un fenómeno recurrente, insertado en una nueva normalidad climática que exige mayor planeación preventiva por parte de sectores intensivos en movilidad, como la logística de última milla.
¿Cómo puede prepararse la logística ante las contingencias ambientales?
Los científicos ya han anticipado que los próximos meses, a medida que se eleven las temperaturas, la ZMVM está en riesgo de enfrentar varias contingencias ambientales relacionadas con el aumento de las concentraciones de ozono, pero ¿cómo nos preparamos ante ese inminente escenario?
1). Planificación operativa basada en riesgo atmosférico
Las contingencias se concentran entre marzo y mayo y se activan principalmente en episodios de alta temperatura, radiación y baja dispersión. Las empresas pueden:
- Ajustar ventanas de entrega en días con pronóstico de alta probabilidad de contingencia.
- Adelantar rutas críticas a primeras horas del día.
- Reforzar inventarios urbanos durante semanas de mayor riesgo.
- Integrar pronósticos atmosféricos en sus sistemas de planeación.
La calidad del aire debe convertirse en una variable operativa, igual que el tráfico o el clima extremo.
2). Diversificación tecnológica de la flota
La electrificación no es solo una estrategia ESG; es una medida de continuidad operativa.
Vehículos eléctricos:
- No emiten Compuestos Orgánicos Volátiles (COV) ni NOx (grupo de gases muy reactivos que contienen nitrógeno y oxígeno en diversas proporciones) en el punto de entrega.
- Tienen menor probabilidad de restricción en escenarios regulatorios más severos.
- Reducen exposición a futuras normas más estrictas.
Además, ante una eventual Fase 2, donde motocicletas pueden quedar sujetas a restricciones, contar con una flota parcialmente electrificada reduce el riesgo de parálisis.

3). Control de emisiones evaporativas y eficiencia energética
El aumento de temperatura incrementa de forma exponencial las emisiones evaporativas desde tanques de combustible. Las empresas pueden:
- Revisar y mantener sistemas de recuperación de vapores.
- Minimizar tiempos prolongados con tanques expuestos al sol.
- Implementar protocolos de carga en horarios de menor temperatura.
- Evaluar combustibles y tecnologías con menor volatilidad.
Esto no solo reduce impacto ambiental, también mejora eficiencia de combustible.
4). Protocolos de salud ocupacional
Los operadores de última milla son el grupo con mayor exposición crónica a ozono y PM1. Las empresas pueden:
- Ajustar jornadas en días de contingencia.
- Reducir tareas físicamente demandantes en picos de ozono.
- Proveer equipos de protección adecuados para partículas.
- Implementar monitoreo de salud preventiva.
La exposición prolongada no solo afecta la salud, sino productividad y seguridad vial.
5). Planes de contingencia escalonados
No todas las contingencias son iguales. Su intensidad, duración y extensión varían. Las empresas pueden diseñar protocolos diferenciados según:
- Fase 1
- Fase 2
- Días con probabilidad alta pero sin activación oficial
La planeación por escenarios reduce improvisación y pérdidas.
De la reacción a la anticipación
El sector logístico no puede controlar la meteorología ni el cambio climático, pero sí puede reducir su vulnerabilidad operativa anticipando escenarios relacionados con las contingencias ambientales que son una variable recurrente en el Valle de México.
Los datos científicos apuntan a que los meses de marzo, abril y mayo pondrán a prueba la flexibilidad de las redes de distribución, donde solo aquellas empresas que hayan integrado la resiliencia atmosférica en su ADN lograrán mantener sus niveles de servicio.
Blindar la última milla ante el ozono y las partículas va más allá de cumplir con un calendario de "Hoy No Circula". Se trata de una transformación profunda que combina la adopción de tecnologías limpias con una planificación inteligente basada en datos.
En un mercado donde la velocidad de entrega es un diferenciador competitivo, la capacidad de circular mientras otros se detienen no es solo una ventaja logística, es una garantía de continuidad de negocio.
La preparación ante futuros episodios de contingencia ambiental es una inversión en sostenibilidad y eficiencia porque al diversificar flotas y optimizar rutas bajo criterios ambientales, el sector no solo protege su operación frente a las restricciones de la CAMe, sino que asume su responsabilidad en la mejora de la calidad del aire de la metrópoli.
La primavera de 2026 será el termómetro que mida qué tan listos están los jugadores de la logística para navegar en la nueva normalidad climática de la CDMX y la zona metropolitana.














